martes, 28 de octubre de 2008

|| "EQUS", el lenguage para comunicarse con los caballos ||

Existe un verdadero lenguaje que permite comunicarse y entender al caballo.
Se trata de Equs, sistema de señas que el vaquero norteamericano aprendió de los indios Chickasaw, y que posteriormente domadores, como Monty Roberts o Diane Sullivan, sistematizaron por áreas de conducta.


Equs, señales, gestos y sonidos.

Para entender el lenguaje equino se toman en consideración tres tipos de señas:

las posturas corporales, que abarcan los movimientos de cabeza (incluidos ojos y labios, orejas), la cola y los sonidos. Las orejas transmiten pensamientos, la cola estados de ánimo y el cuerpo intenciones; todas señales que se interpretan en el contexto de la edad, sexo, raza y hábitat. Facilita el aprendizaje observar el comportamiento comunicativo entre pares: cómo responde, quiénes se comunican.


Según Monty Roberts en el cuerpo están las expresiones y en los sonidos, ciertos énfasis. Por ejemplo, el caballo muestra felicidad cuando deja caer la cabeza entre las patas, luego la lanza hacia atrás y hace círculos en el aire con la nariz.
Se comporta alerta, despierto.
Suelta risas, recoge el labio superior, exponiendo la dentadura y haciendo corveteos a cola alzada.Es una invitación a jugar o coqueteo entre ejemplares en edad de apareamiento.
El caballo, orgulloso, se exhibe con pomposidad, alzando el pecho y los cascos. Camina a paso largo o medio galope. Apunta las orejas hacia adelante, suelta los hoyuelos de la nariz y apunta ésta al suelo, mientras arquea el cuello. Se sabe en su mejor postura.
Las yeguas introducen así a los nuevos nacidos en la manada, también los potros al percibir la aceptación de un grupo de yeguas.
Pero no todos los caballos se asumen con esta gracia. Hay quienes lo intentan con frialdad y sólo logran una figura de "gato tibio", con apariencia de tener todo bajo control y no "estár ni ahí".


Los demás, suelen rechazar estos ademanes y no responden, obligándole a una triste retirada de cuello y orejas gachas, señal de sumisión.




El caballo entretenido es, según Monty, aquel que alinea la cabeza, cuello y lomo, fija la mirada y langüetea suavemente con abundante salivación. En cambio, las señales de impaciencia se reflejan en intermitentes patadas, agitación de la cabeza, saltitos laterales. Muescas similares aparecen en un caballo nervioso, pero será más duro de boca, incontrolable y hasta peligroso. Sin embargo, se puede calmar si se le habla como aquietando a un bebé. Agradece la solidaridad entregándose al mando humano.
De manera similar, el susto, enojo o aflicción se refleja cuando entierra una pezuña en el suelo, como preparando una patada, tensa el cuello y abre los ojos hasta mostrar algo del blanco ocular. El lenguaje sexual es una mezcla de sonidos y posturas. Las yeguas sueltan gritos intermitentes agudos y cortos se ubican de frente al potro, abren las patas traseras, alzan la cola hacia un costado, echan las orejas hacia atrás, pegadas a la cabeza, y se orinan. El potro responde con la cabeza erguida, encrespa el labio superior, arquea el cuello, tensa la cola y hace una erección. Si le es permitido, orina en el mismo lugar de la yegua, como adjudicándosela.


Los gestos son enfatizados emitiendo relinchos, bramidos, gritos y lloriqueos, aunque suelen ser menos precisos que el lenguaje corporal.
Los etólogos, científicos que estudian las conductas animales, aseguran que al ser humano le es difícil detectar el rango de percepción que maneja el caballo, que es mucho más amplia. De hecho, los resoplidos se suelen interpretar como un despeje de narices, cuando en realidad anuncian el advenimiento de un temblor o tormenta. Habitualmente, sin embargo, los bufidos son señales de juego o demostraciones de impaciencia y aprensión.
Para entender los mensajes hay que relacionar los sonidos con el contexto corporal. Hay relinchos largos y profundos: llamados a las crías o a otros ejemplares, también saludos al pasar un caballar cerca de otro o avisos de alguna presencia.
Del hablar caballuno depende tener la capacidad de ser un simple binomio o un poderoso centauro, que es la compenetración más eficiente. Es la manera más directa de obtener su colaboración para así aprovechar al máximo su potencial.


Autora: Heidi Schmidlin Moore.












lunes, 27 de octubre de 2008

|| ¿Qué piensa el caballo? ||

AQUI OS DEJO UN ARTICULO, VALE LA PENA LEERLO!

Para comunicarse, los équidos utilizan un lenguaje particular. Además, como ocurre con los humanos, tienen su propia personalidad, por lo que no siempre todos los binomios se entienden. Para lograr una buena relación entre ambos son necesarias pequeñas dosis de psicología, paciencia, afecto, respeto y, cómo no, mucha confianza mutua.

Aproximaciones difíciles en el prado o en la cuadra, bloqueos sin motivo aparente y bruscos cambios de humor, miedos incontrolables, reacciones incomprensibles en plena ducha o durante un paseo... todo cuestiones delicadas que parece imposible solucionar... El comportamiento de un équido es, en ocasiones, un verdadero enigma. ¿En qué piensa un caballo? En el exterior parece feliz y se muestra juguetón, pero en cuanto entra en el box se pone agresivo o triste y desarrolla vicios y tics o comportamientos anormales. Igual que si fuera un crío, el animal en ocasiones solo está demandando un poco de atención. Es importante que el jinete esté atento a lo que el caballo le dice; que le hable y le muestre su interés. Debe preocuparse por él y por su educación. De este modo, con un poco de psicología y algo de razonamiento analítico, las situaciones más desesperantes pueden tener una fácil solución. El caballo es capaz de entendernos y de comunicarse con nosotros, a condición, eso sí, de que exista un respeto mutuo. Un équido despreciado, maltratado o reprimido sin motivo puede llegar a suponer un problema real para su jinete, pues este animal de huída cuenta con una excelente memoria. No lo olvidemos.


ENTENDIMIENTO CORDIAL:
Observar y comprender los gestos del caballo, su lenguaje corporal, vocal y facial es importantísimo para lograr establecer una buena relación con él. Además, la edad, la raza equina, el nivel de doma y la pedagogía también ayudan. Pero, dejando aparte el bagaje en cuanto a conocimientos caballares, cabe decir que tanto la personalidad del propietario como la de su montura igualmente son factores influyentes cuando se trata de trazar lazos de amistad. Las afinidades entre individuos se crean gracias a los puntos de conexión (complementarios o antagónicos) existentes entre ambos. Los caracteres o bien se agradan o pueden repelerse. También dicen que los polos opuestos se atraen. Por lo general, un jinete excesivamente sensible y emotivo trabaja mejor con un caballo tranquilo (que no se espanta ante el más leve sonido, ni se embala llevándose consigo todo cuanto encuentre por delante en su huída). Por el contrario, un jinete temerario, lleno de coraje y seguro de sí mismo probablemente preferirá montar a un caballo de la misma naturaleza (con mucha sangre y lleno de nervio). Asimismo, es factible que al propietario serio y disciplinado no le entusiasme trabajar con un ejemplar lento y perezoso.


ACERCARSE EN EL BOX:

Se recomienda acercarse al caballo que está en el box llamándole por su nombre y abordándolo lateralmente, acariciándole el cuello. Si el jinete se le aproxima por detrás y le asusta, el ejemplar puede soltarle una coz. Por ello, antes de entrar, conviene estudiar cuál es la actitud del équido. Puede volverse de espaldas como signo de estar relajado o, por el contrario, demostrando una ausencia total de interés. Su cuerpo y su cabeza aportan valiosa información acerca de su estado anímico. Las extremidades, por su parte, transmiten mensajes muy precisos. Si escarba con uno de sus anteriores, el animal está demandando algo en concreto o se prepara para revolcarse. Las operaciones de limpieza y cepillado del caballo permiten al jinete conocerle mejor, además de revelarle cualquier problema de salud que padezca el animal. Un équido postrado, indiferente ante lo que pasa frente a él o apagado da muestras de fatiga o sufrimiento físico o psíquico. Si está agresivo, presto a morder o a botarse cuando se le limpian los cascos, es posible que recuerde un maltrato anterior o que haya sido mal educado. Como ocurre con los humanos, los equinos también pasan por periodos de estrés, de alegría y felicidad o de tranquilidad. La rutina del trabajo en el caminador, los esfuerzos intensos durante una competición o un entrenamiento excesivo perturban al animal, y éste reacciona con un cambio en su habitual forma de comportarse. Irascible o nervioso cuando hay que entrenar o bien en el momento de volver al box, él también necesita sus momentos de evasión. Por ello, es muy importante que goce de periodos de libertad en el prado y que salga de paseo regularmente.

¿TUMBADO TODO EL DÍA?
Como muchos otros cuadrúpedos herbívoros, los caballos dormitan alrededor de 4 horas diarias de pie o tumbados alternativamente, con el objetivo de dar descanso a sus extremidades. Sin embargo, algunas actitudes anormales deben llamar la atención del propietario. Si el ejemplar está demasiado tiempo estirado, hay que sospechar que algo se cuece en su interior. Un ritmo de trabajo sostenido no justifica forzosamente una fatiga extrema, por lo que se recomienda consultar con el veterinario.

HA DEJADO DE COMER:

Por nervios, estrés o neurosis, un caballo puede dejar de comer. Es, entonces, tarea del propietario descubrir si ello es un simple indicio de que el ejemplar tan sólo reclama algo de atención o afecto o bien si el problema es mayor. En ese caso, puede ser necesario establecer un estricta vigilancia con visita del veterinario incluida. En ocasiones, el caballo se aburre y se siente prisionero de un modo de vida que no se complementa bien con su naturaleza. Si el ejemplar no tiene contacto con otros sujetos, no sale de paseo o se ve privado de una correcta alimentación, su equilibrio particular se verá afectado. Un caballo feliz suele recuperar el apetito con mucha facilidad. Aire fresco y espacios amplios siempre son una buena combinación para cualquier équido.


HUIDAS EN EL PRADO:

Algunos caballos reaccionan de forma distinta cuando se encuentran en un prado o en medio de grandes espacios naturales. Su naturaleza salvaje se manifiesta de forma repentina y les empuja a partir al galope, sobre todo si se trata de un ejemplar joven y miedoso, poco acostumbrado a llevar la silla o convaleciente de una herida física o moral. Además, un animal que se encuentre en manos de un nuevo propietario podrá demostrar cierta desconfianza mientras espera detectar las primeras muestras de simpatía. La libertad siempre es un bien muy preciado a ojos del caballo, ser independiente y sociable a la vez. Por eso, para conseguir su afecto es muy importante visitarlo con regularidad, hablarle con cordialidad, acariciarle y premiarle con alguna que otra golosina. Amado y respetado, el équido reconocerá a su propietario con alegría y, posiblemente, se dejará tentar por un dulce a la hora de aceptar la silla sin problemas.


MIEDO AL VAN:

Paciencia, paciencia y paciencia. Solamente así se consigue que el equino que siente pavor ante la idea de subir al van logre vencer ese terrible miedo. Además, es importante tratarle con gestos suaves (desprovistos de cualquier muestra de brutalidad) y formularle demandas muy claras que permitan que entienda que no hay peligro alguno por el hecho de subirse a la rampa. Eso sí, jamás debe mentírsele. El caballo confía en su jinete y tiene memoria; si éste le engaña o decepciona, lo recordará.


PÁNICO A LOS VEHÍCULOS:
En el transcurso de un paseo, un caballo se lanza a la fuga tras ver un tractor rojo en el campo. Si un jinete novato tira de las riendas para frenarlo, el ejemplar asociará el tractor rojo con el dolor y lo registrará para su próxima excursión. Para dominar al caballo, antes es importante conocer cómo piensa y reacciona. Como no es un depredador, es importante darle cierta libertad para que pueda analizar la situación por sí mismo y comprender cuál es su entorno. Provocar dolor en un animal asustado no hace sino reforzar su miedo.

jueves, 16 de octubre de 2008

|| Jugar con el caballo ||

Cuanto más inteligente sea un caballo, más despierto será y más ganas tendrá de jugar. Esto nos dice además que se trata de un buen caballo para trabajar y que seguramente aprenderá con facilidad; pero debemos ejercitar su inteligencia jugando con él.





El juego reporta gran cantidad de ventajas, tanto para el domador como para el caballo:
·Nos permitirá conocer mejor las características de nuestro animal, durante el juego podremos observar movimientos que el caballo no desarrolla durante el trabajo cotidiano.
·Supone una motivación para el caballo. Eso sí, deberemos dejar bien claro desde el principio qué es un juego y qué es el trabajo (para ello podemos, por ejemplo, dejar al caballo suelto durante el juego y amarrarlo cuando deba trabajar).
·El desarrollo de actividades de este tipo aumentan la capacidad de atención del animal ya que presta atención de una manera totalmente voluntaria.
·El juego puede utilizarse además para entrenar la confianza del caballo; para ello colocaremos diferentes elementos que él puede considerar peligrosos (como por ejemplo una pelota), de los que en principio rehuirá pero al poco tiempo podremos ver como se divierte con ellos. La libertad de poder huir ante una situación que le sugiere peligro y volver por su propia iniciativa es la mejor forma para hacerle perder el miedo. A esto se suma además que si durante todas estas situaciones el caballo se ve acompañado de su domador, podrá llegar a perder el miedo ante cualquier situación si nota su presencia.


Tenga en cuenta estas premisas a la hora de jugar con su caballo:

·Debe ser usted el que lleve la iniciativa en todo momento, ya que de otra forma podríamos vernos en situaciones de peligro.
·No conviene jugar sin ir protegidos ya que, aunque sea sin intención, el caballo puede causarnos alguna lesión. Deberemos por tanto llevar fusta larga o tralla.
·Evite que el caballo se levante de manos, puede ser sumamente peligroso. En caso de que lo haga, usted deberá evitar echarse hacia atrás, ya que con ello lo único que conseguirá es que el caballo se de cuenta de que con este movimiento puede conseguir dominarle, con lo que lo podrá utilizar en otro momento.

domingo, 12 de octubre de 2008

|| Doma natural ||

Desde tiempo inmemorial, mucho antes de lo que nos cuenta la historia, el Caballo ha llamado la atención del hombre, tal como se lo denominaba en la antigua literatura, "el noble bruto" fue durante siglos el principal medio de transporte, combate, herramienta insustituible de trabajo y gran compañero del hombre.
Con el correr de los tiempos y el avance de la mecanización, el caballo ha ido perdiendo utilidad pero, en contrapartida y gracias a la equitación y el esparcimiento, ha ido ganando mayor número de adeptos.

Lamentablemente, en esta relación hombre-caballo las técnicas de sometimiento de gran raigambre- no han evolucionado favorablemente para nuestro amigo; siguen estando, basadas en el castigo físico, la humillación y el miedo.

Desde hace unos cuantos años, amantes del caballo, dispersos por el planeta, han comenzado a investigar sobre diferentes métodos y técnicas para conocer, acercarnos y domar al caballo sin necesidad de recurrir a la violencia; se han desarrollado sistemas de doma de potros, basados principalmente en la psicología y los distintos comportamientos del caballo: dichos métodos son los conocidos como "doma natural", "doma racional", "doma india", entre otros.
Se trata de una serie de técnicas, la mayoría de ellas muy antiguas, que han sido recopiladas de distintas escuelas, de diversas culturas, de mucha gente conocedora de la comunicación entre el hombre y el caballo, que han sabido entender que no es necesario utilizar métodos violentos para lograr que el caballo haga lo que queramos.
De este modo, se llegan a desbravar potros que luego son caballos, que pasan a ser nuestro compañeros y se sienten a gusto y cómodos, obedeciendo nuestras órdenes siguiendo siempre su tan noble sentimiento de gratitud por complacernos.
Conociendo la psicología del caballo, su modo de sentir, actuar y reaccionar podremos lograr que desde un primer momento el potro nos acepte como líder y guía, sintiéndose seguro y confiado con nosotros.


Esto es muy fácil de lograr y a partir de ahí estará dispuesto a asimilar todo el aprendizaje que le impartimos. Para esto es muy importante el conocer sencillas reglas de comunicación y que las ordenes sean claras y precisas durante todo el proceso de doma.




Para saber más...

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ALGUNOS LIBROS: